A la medianoche, Patricia Bullrich mandó al chat de la mesa política el mensaje que todos sabían que llegaría. “No están los votos para el manejo del fuego”. Así fue como el oficialismo entregó en la sesión de Senado el último de los bastiones más controversiales que Federico Sturzenegger había agregado a la ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada, un proyecto que contenía capítulos que facilitaban los procesos de desalojo en tierras y propiedades frente a incumplimientos de los inquilinos y el endurecimiento de los procesos del Estado para lograr expropiaciones. Dentro de ese paquete, el Ministerio de Desregulación había sumado el capítulo de Tierras y Manejo del Fuego, dos cambios estructurales en las leyes vigentes que “liberaban” las restricciones y de los cuales “El Coloso” habló con Javier Milei a solas como suele hacerlo en cada una de sus ideas, que en general fascinan al presidente. Esta no fue la excepción y por eso terminó en la agenda de prioridades que la Rosada decidió mandar al Congreso en marzo. Pero cinco meses después, la movida terminó mal y dejó expuestos otra vez los complejos enredos vinculares y desórdenes internos que diseñan la organización del gobierno libertario, una condición que Karina Milei se esfuerza en organizar con intensidad y se frustra con la misma potencia. Sobre todo, cuando está empezando la temporada electoral. “Daño autoinflingido número mil”, se queja un integrante agudo de las decisiones de mesa chica de la Rosada. Esta vez, además, sucedió sobre un terreno mucho más rasposo, el que contiene a un enorme caudal de argentinos que suele no involucrarse pero esta vez lo hicieron. La lista es obvia: Emilia Mernes, Tini Stoessel, L-Gante, Lali y otros nombres convocantes que se aunaron atrás de la consigna de “defender nuestra tierra” alertados por un eco que se viralizó después de que la bandera por las Malvinas se posara sobre el pasto tras el partido que Argentina le ganó a Inglaterra. Al día siguiente, tenía que votarse en una sesión pero se prorrogó hasta ayer cuando los reclamos sólo se expandieron. Seguro no ayudó el canciller Quirno cuando en una entrevista dijo que un inversor se podía comprar “una provincia entera” y eso estaba bien. Patricia Bullrich intentó pelear hasta el agotamiento extremo por cierta supervivencia de la ley pero terminó quejándose en la intimidad del Senado que nadie la hubiera explicado antes que ella, recién este último martes. “Ni el vocero lo habló en sus conferencias de prensa”, le dijo a los suyos. ¿Qué está pasando con el nuevo vocero Adrián Ravier que de este tema no habló?. Hace apenas un mes y medio que asumió el puesto y aparece cada vez menos empoderado por la Rosada. |
Quedó una certeza alarmante adentro del poder sobre “onda expansiva hasta actores inexplorados”, según las palabras de un asesor oficial, que se pronunciaron en redes antes de que el oficialismo retirara los capítulos de la polémica. Es interesante rastrear los detalles de esta historia para preguntarse por la impericia que gobernó el costo que podrían no haber pagado y pagaron igual. En una misma semana, el gobierno corrió riesgos altísimos por dos proyectos ideados en las oficinas de Sturzenegger: el de Tierras y el de los prácticos en los puertos. El ministro está afuera del país pero recibió el llamado de Diego Santilli para participar de la próxima mesa política el martes, no precisamente como un premio sino como una manera de controlar lo que sigue: otro enorme proyecto de desregulación que debía ser enviado al Parlamento en estos días y que también es obra de su ministerio. Karina mandó a pedir que todos tienen que entender plenamente de qué se trata antes de empujarlo a la negociación con los gobernadores. Es ese período costoso en que cualquier episodio que piante un voto, retrae los apoyos. Es intrigante cómo operará Milei sobre estas tensiones sobre todo al tratarse de uno de sus integrantes favoritos del gabinete. Hasta ahora, siempre terció en favor del Coloso. Además del episodio de Tierras, el otro conflicto que tuvo que ser desactivado esta semana, también llevaba la firma de Sturzenegger. Es el que surgió luego de la firma del decreto que desarmaba el sistema de funcionamiento de los prácticos que se suben a los buques, con el objetivo de desregular para bajar los costos, produciendo un conflicto de una magnitud explosiva cuando, como era más que previsible, el reclamo de los prácticos paró la operación y por lo tanto el comercio exterior por vías navegables de la Argentina. O sea, un desastre. Otra vez, parece haber intervenido la impericia, además de las internas. Durante seis horas del martes, la primera plana empresarial del agro y la energía se cruzaron llamados con Santilli hasta lograr desactivar el problema, reactivar los Puertos y, claro, bajar el decreto, que fue anulado. Dos días después, retiraron los capítulos más conflictivos de la ley de Propiedad Privada. Para una gestión que funciona bajo el mantra de “retroceder nunca”, se puede entender la cornisa en la que se sintieron. Hay algo todavía más sugestivo en estos eventos. La secretaría de Legal y Técnica por la que pasan los decretos está a cargo de la rigurosa María Ibarzabal, una funcionaria indiscutiblemente idónea para su cargo que pertenece al riñón de Santiago Caputo. ¿Nadie alertó sobre lo que podría pasar?. No hay quién le quite la paranoia a Karina sobre este asunto. Si hay activo que Caputo supo dominar desde el inicio de la gestión libertaria, tiene que ver con su oficio de origen, el de consultor político que mide con particular agudeza el termómetro social de los argentinos, aún de aquellos que suelen no contestar encuestas y que son difíciles de calibrar. Visualizar ese campo es lo que, entre otros datos, les permitió apostar y lograr que un outsider de la características de Milei podía ser presidente en la Argentina. Son múltiples los ejemplos donde esa toma de temperatura hizo redirigir decisiones a un gobierno que hace comunicación política de la idea de intransigencia. El más obvio fue cuando sucedió la primera marcha universitaria y la Rosada bajó rápidamente su discurso de confrontación más allá de que el problema de fondo sigue abierto. Es particularmente llamativo cómo el martes, cuando la mesa política se reunió, creyeron que el conflicto se terminaba poniendo apenas un tope del 25% a la venta de tierras a extranjeros y una conferencia de prensa explicativa de Bullrich. Cuesta creer -por no decir que es imposible de creer- que en ese grupo humano por los menos cinco de sus integrantes no se hubieran dado cuenta que en la calle ya pasaba otra cosa. |
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