Estefanía y
Cintia, la médula de las obsesiones
de los equipos de Sergio Massa y Patricia
Bullrich.
Por
Luciana Geuna • 25 de agosto.
¡Hola!.
Estefanía es de
Rafael Castillo y todavía recuerda los episodios de diciembre de 2001 cuando su
madre la escondió junto a sus hermanos debajo de una mesa.
Cintia es de
Moreno y vive a dos cuadras del supermercado chino vandalizado esta semana.
Estefanía vive en
una residencia en CABA junto a su novio, pero no pueden mudarse aunque ambos
tienen sueldos en blanco.
Cintia está
preocupada por la seguridad.
Sus casos son los
ejemplos más concretos de lo que desvela a los candidatos antes de las
elecciones generales de octubre.
Acá abajo, te
explico por qué.
Estefanía
Estefanía tiene
31 años y trabaja en un consultorio desde hace dos meses en blanco en Capital.
Es de Rafael Castillo, dos hermanos, padre enfermero jubilado, madre cobra la
mínima pero supo tener un kiosco en su casa cuando no le daba miedo que le
robaran.
Estefanía y su novio -cordobés, 24 años, trabaja en una empresa
informática que le paga la mitad en blanco y la mitad en negro- viven en una
residencia en Balvanera. Pagan 100 mil por una habitación con baño privado.
En
otro cuarto de ese mismo lugar, vive un dealer al que le temen porque llena la
cuadra de compradores de droga y porque a cada rato lo visita un móvil de la
policía con oficiales que lejos de indagarlo, se quedan charlando con él.
Estefanía y su
novio se quieren ir de la residencia. Habían encontrado un monoambiente en San
Telmo, se ilusionaron porque por primera vez los dos tienen sueldo en blanco y
llegaban a juntar los 120 mil pesos mensuales que les costarían esos 35 metros
cuadrados con balcón. Ya tenían pensado adoptar un gatito. La garantía sería un
seguro de caución. Pero la inmobiliaria les avisó que el dueño dijo que no. Que
sólo dos meses de recibos en blanco no le daban confianza. Y ahora no saben
cuándo saldrán del lugar en donde viven.
Quisieron intentar ir a una residencia
un poco mejor y más segura pero les pidieron 200 mil pesos a cada uno (o sea
400 mil pesos) por una habitación con baño y cocina privados.
Es miércoles y
Estefanía dice que por ahora en Rafael Castillo no hay ataques a comercios pero
que ella en 2001 tenía 12 años y que se acuerda bien cuando, en el medio de una
ola de saqueos, a su mamá le llegó el rumor de que atacarían las casas. Después
de cerrar desesperadamente puertas y persianas, los escondió a ella y a sus
hermanos debajo de la mesa, todos temblando, muertos de miedo.
Estefanía dice
que ella, su novio, su hermano, su papá de 67 años y su mamá votaron a Milei. Y
que lo van a volver a votar en octubre.
Cintia
Cintia tiene 26
años, es de Moreno pero trabaja en Capital. El chino saqueado el martes
con una violencia feroz queda a dos cuadras de su casa. El chat de mamis
de la escuela explotaba de imágenes de ataques a comercios sucedidos o por
suceder.
Cintia tiene el
miedo en los ojos: “El trabajo una se lo consigue, pero ¿quién nos cuida?. ¿Quién nos da seguridad?”.
Cintia no fue a
votar en las PASO.
¿Qué tienen para
decirles?. ¿Qué pueden ofrecerles?. Son jóvenes, estudiaron, trabajan pero nada
es como debiera: la plata no les alcanza, ni siquiera pueden alquilar, tienen
miedo de la calle y en sus primeros recuerdos ya experimentaron lo que pasa
cuando todo se desbanda.
Los saqueos son
la palabra clave que atraviesa todos los miedos en los centros urbanos del
país. Ahora hay una tensa calma y algunas conclusiones: el gobierno está
aliviado porque el hambre salió de la agenda de motivaciones de estos ataques y
el único eslabón que une hasta ahora estos robos es la marginalidad y la
juventud de los que entraron a los negocios con violencia.
Eso no vuelve
menor al problema. Ayer por la mañana, se hicieron allanamientos masivos para
seguir las órdenes judiciales de las 23 causas que se abrieron esta semana en
el conurbano. En esa barridas policiales, secuestraron teléfonos y encontraron,
por ejemplo en Ezeiza, grupos de chat con 50 integrantes que instigaban a
saquear hoy mismo comercios de Ezeiza.
En Quilmes, un allanamiento
se llevó teléfonos que revelaron grupos de chats donde hasta el nombre era
explícito: se llamaba “Saqueo” y su administrador era un hombre de Ciudad Evita
que incitaba a atacar el super chino de Triunvirato y Urquiza y pedía que
confirmaran quienes se sumarían. Ejemplos así se repiten hasta el infinito y
llenan de incertidumbre lo que queda hasta la definición electoral.
Los dos meses que
faltan para la elección son una carrera contra el tiempo en el búnker de Massa.
El golpe dejó a
su comité de campaña en estado de deliberación.
Esperan volver a habitar la
sede de calle Mitre la semana que viene engolosinados por anuncios que lleven
plata a los bolsillos de la gente. Hay un enorme trabajo pendiente en el
peronismo. Massa ya hizo ronda de conversaciones con los gobernadores con
reclamos pertinentes por sentirse abandonado.
Escuchó que le
decían que no tenían nafta para empujar cinco elecciones (por las de sus
provincias, más las tres vueltas nacionales). La pregunta melancólica es por
qué 17 provincias se desmembraron de la nacional sin que nadie se ocupara de
impedirlo. “Cuando eso pasó, ni Cristina ni Alberto hicieron nada. Esto fue
todo desidia y así estamos”, responde un dirigente de alto nivel del
oficialismo.
Ahora se abre
otra pregunta: ¿Alberto y Cristina ocuparán el mismo rol ausente en la carrera
hacia la general?. CFK no da señales todavía pero adentro del gobierno creen -o
quieren creer- que su presencia estará.
¿Y Patricia
Bullrich?.
Bullrich busca el
camino en un terreno complejo. Hizo foto con toda la estructura de Juntos
por el Cambio para mostrar calma, unidad y liderazgo hacia adentro pero la
foto asusta a cualquier estratega electoral. Una imagen que los muestre como casta
genera un dilema de campaña. Esa lección la aprendió Larreta de un modo brutal.
Esta semana sintetizó su autocrítica en la intimidad después de la derrota en
las PASO: “Fui un éxito en llenar el álbum de figuritas con todo la estructura
política. Tuve a todos los que había que tener. Pero a la gente no le
interesaba ese álbum. La gente no quería política”.
La reunión de
JxC, a pesar de esos pruritos, era necesaria para unir las partes pero todavía
hay mucho conflicto irresuelto. El de Larreta con Macri por ejemplo, que se
vieron a solas el fin de semana previo a las PASO pero no volvieron a cruzar
palabras ni mensajes después de que se conocieron los resultados el 13 de
agosto. Es una relación de 30 años que está rota y con rencores.
Elisa Carrió no
estuvo por cuestiones de salud pero la Coalición Cívica estuvo lejos de tener
un lugar protagónico. Santilli está decidido a acompañar la campaña de
Grindetti en provincia -mantiene un diálogo muy fluido con Patricia con este
objetivo- pero desapareció del NH cuando habló su excompetidor de campaña y
Bullrich quiso convocarlo desde el escenario.
Martín Lousteau fue una ausencia
con ruido aunque está de viaje, descansando. Hay muchas preguntas abiertas
sobre qué le deparará el destino a Juntos por el Cambio si no hace una buena
performance en octubre. Ahí es donde los fantasmas del rol de Macri con Milei
persiguen a muchos.
“Acá no hay
rencores, no somos tres locos con cuatro perros”, dijo Patricia. Les costó más
trabajo desmentir una frase que juran no fue pronunciada en el NH hotel pero
que circuló tanto que el propio Milei le respondió en TW . “No seamos boludos,
si gana dura dos meses y vuelve el peronismo”. Ningún integrante de esa reunión
de la alianza opositora confirmó que esas palabras fueron dichas en un
micrófono pero circula como un mantra de campaña. Sin decirla, ese será el
espíritu.
A ese escenario,
JxC busca mostrar equipos: el lunes está todo listo para presentar a Melconian
en sociedad.
Javier Milei
disfruta.
Disfruta de todo:
de mantener la centralidad, del halago de Massa sobre su rol “colaborativo” con
el FMI, del aplausómetro que ganó frente al ministro de Economía y Bullrich
entre los decisión makers -como suelen llamarse los que mueven la plata grande
en el universo financiero- en el Consejo de las Américas.
En ese universo,
él representaba una pesadilla. Pero no se hablaba de otra cosa en el Hotel
Alvear. Ellos, ahora, no lo ven tan mal y lo aplaudieron más que a nadie. El
poder magnético de los votos.
Esto es todo para
esta semana, el viernes que viene me vuelvo a contactar con toda la info que
vaya recolectando a lo largo de la semana.
¡Chau!.