Argerich: un lugar “bien cuidado”, que atesora el
recuerdo de épocas pasadas.
A veces, de lo más impensado sale algo que,
naturalmente, resulta gratificante. Por ejemplo, acercarse, un domingo, como
éste último (28 de septiembre) a Argerich, un pueblito tan pequeño como bien
cuidado. Allí, en una tarde netamente primaveral, pudo vivirse un momento
sumamente agradable.
Fue un poco más allá de las 15, cuando María Isabel
Haag, coordinadora del grupo de turismo rural “Arenas y Aromas del Paralelo 39” , puso en marcha lo que se
definió como una visita guiada, a la vera de los rieles del antiguo ferrocarril
y sobre la mismísima estación de otros tiempos.
No está del todo mal apresurarse a decir que ese
lugar “luce” favorablemente, pese al paso de los años, porque hay una comunidad
(son 102 los habitantes, según los datos del último censo) dispuesta a
preservar algo que tiene que ver con la historia de los años que se fueron.
Por eso, no fue de extrañar que alguno de los
circunstantes de otras épocas recordara amaneceres de gran movimiento alrededor
de la estación. “Unos 100 tarros -similares a uno que podía observarse- se
mandaban a Bahía”, apuntó un memorioso, aludiendo a la leche que cotidianamente
se enviaba a la ciudad adonde iba llegar a destino, de una forma u otra, a sus
consumidores. “Le ponían agua, sí”, agregó.
Tampoco podía sorprender que otro visitante evocara
que tomaba el tren de la mañana, para entrenar y jugar en la primera división
del club Olimpo. Apellido por demás conocido del paraje, que se ubicará al
decir, solamente, que formó parte de aquel equipo multicampeón del aurinegro (7
títulos consecutivos, proeza para ese entonces), cuya alineación “salía de
memoria”, como se dice ahora: Coscia; Ochoa y Kliun; Firmapáz, León y Urquijo;
Bualó, Caparrós, Caraballo, Ceballos y Río. ¿El “9” ?. ¡Claro que sí!. Volvía, Carlos
Caraballo, cumplida su preferencia deportiva, en el tren de la noche.
Hubo alguna otra mención, digna de ser comentada:
estuvo Rubén Ariel Scolari, un ejemplo de deportista, que transitó larga y
exitosamente los escenarios del baloncesto regional, provincial y nacional
hasta hace poco. “Scooby” es un apasionado del ferrocarril y se acercó a
disfrutar por un momento de la tarde. Le hicieron hablar; sacó alguna foto; y
después se fue.
Vimos -¿podía ser acaso de otra manera tratándose de
Argerich?- a Horacio Palmireri, dirigente fomentista, con Silvia (Larrea),
batalladora también de ese pequeño terruño ubicado a escasos kilómetros de la
ciudad cabecera del distrito.
Hubo tiempo para que no pocos se aventuraran con la
“zorrita”, ida y vuelta, de una punta a la otra de un breve recorrido. También,
para degustar tortas fritas “uruguayas”, que preparó María Elcira Colombo, a la
usanza de la vecina orilla rioplatense y con la colaboración de Juan Carlos Suárez,
otro emprendedor.
En varios “kiosquitos” (suena mejor que stand,
seguramente) pudieron buscarse dulces y salados, para comer allí o para llevar,
según los casos. No faltó alguna artesanía, en la “oferta” preparada.
Encontramos otras visitas en la tarde del domingo:
“Lola” Prat; Fernanda Génova, con el “Chato”, y su familia; Norberto Caraballo
(que se dio una vuelta en la “zorrita”); Ocampos y señora (residentes en
General Cerri, pero él con pasado lugareño); y Walter Gerena, sindicalista,
entre otros muchos.
El conteo, hecho “a vuelo de pájaro” por gente del
grupo promotor, reveló la concurrencia de unas aproximadamente 140 personas,
entre grandes y chicos. Cifra altamente satisfactoria ya que, se dijo, además,
había una propuesta similar en la estación de Nicolás Levalle; y jineteada en
Médanos, citas que atraen público, por supuesto.
Cuando casi se iba la tarde, no pocos se llegaron a
ese emblema del lugar que es el Vivero Argerich. Simultáneamente, (Horacio)
Palmieri nos mostraba la capilla de Nuestra Señora del Rosario. Buscamos también
algún producto netamente regional que en otros tiempos comprábamos, casi
invariablemente a nuestro paso por la ruta.
Después, el retorno, con agenda cumplida: estar, por
unos momentos, en ese pequeño pueblo que, originalmente fuera postulado para
cabecera de Villarino. Quedan recuerdos de su esplendor y lo que es más
importante, ese no dejar de lado toda ocasión propicia para revivir
experiencias del pasado. Fue una tarde distinta, particularmente interesante. Como
para repetirla, si se presenta la ocasión…
Fotos: Lucrecia Serralunga
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