Javier Milei no
logra convencer al círculo rojo y lucha con su propio carácter para no perder
votos en octubre.
Por Luciana Geuna
• 29 de septiembre
¡Hola!.
Faltan sólo tres
semanas para las elecciones generales y esta semana te cuento sobre la fantasía
de Javier Milei de ser como Carlos Pellegrini, mientras da por hecho su triunfo
electoral.
Juntos por el
Cambio buscará que el carácter temperamental del libertario juegue a su favor
en el debate presidencial y empieza a crecer la preocupación entre los
empresarios sobre las consecuencias del "plan platita". Mientras
tanto, se vive un silencio insoportable en la campaña sobre la situación social
del país.
¿Empezamos?.
La fantasía de
Javier Milei.
Javier Milei
tiene una fantasía. Quiere ser Carlos Pellegrini. Al libertario se le iluminan
los ojos contando la historia de ese mandato. Pero sobre todo lo atrae su
final. Pellegrini era vice y asumió la Presidencia en 1890 después del
estallido político y económico que terminó con la renuncia de Juárez Celman.
Su gobierno
completó los dos años que faltaban de esa fórmula presidencial y quedó en la
historia como el impulsor de transformaciones profundas.
Su final es una
anécdota inolvidable de la política nacional: Pellegrini salió a pie desde el
Congreso, con sus carpetas en la mano, y caminó hasta su casa de la calle
Viamonte y Florida, donde vivía.
No esperaba
aplausos pero recibió abucheos. Y eso, a Milei, lo tienta. Casi que lo desea.
El libertario se
mueve como si la Presidencia fuera un hecho desde el 13 de agosto. En su
construcción está también el imaginario sobre el derrotero de lo que vendrá y
una nutrida mitología sobre “los costos de hacer lo que se debe”. Ni él ni su
entorno piensan en otra opción al punto de que un grupo de empresarios
influyentes, que suele conversar con los principales armadores técnicos de
Milei, está azorado por tanta certeza de poder y tan poca preparación de
equipos.
“El algoritmo
está totalmente centralizado en él”, dice un operador político peronista con
los números en la mano y una ilusión: “antes de las PASO, él concentraba el 60%
de las conversaciones en redes con enorme mayoría de comentarios positivos.
Ahora subió al 80%, o sea todos hablan de él pero se divide a la mitad amor y
odio”.
La centralidad de
Milei divide las aguas de la Argentina y es el mayor activo de campaña de Massa
que construye sólo pensando en ser el anti Milei en un balotaje al que los dos
buscan llegar juntos. Casi un delirio en un país con el 40.1% de pobreza, una
inflación sin techo y con un 88% de la población insatisfecha sobre cómo marcha
el país, según la última encuesta de opinión pública de la Universidad de San
Andrés.
Alrededor de esta
idea -con la incógnita de cuánto, cuándo y cómo podría sumar puntos Bullrich
para cambiar la ecuación- se está organizando el círculo rojo, lleno de dudas,
tentaciones y contradicciones con el proyecto Milei.
Uno de los
empresarios más influyentes del país se sincera: “hay una preocupación enorme
con él, su carácter, su equipo, su capacidad de dar gobernabilidad. Pero
también hay un montón de empresarios que están preocupados pero lo votarán
igual”.
Se viene el
Coloquio de Idea.
La semana que
viene sucederá el Coloquio de Idea en Mar del Plata, el encuentro anual de
empresarios más top de la Argentina. Siempre con una impronta optimista sobre
el país, este año la convocatoria se sube a la euforia mundialista y propone
“volvámonos a ilusionar”.
El slogan quedó
golpeado. Esa frase la habían elegido a mitad de año donde el escenario de país
que imaginaban era otro. Ahora el mensaje intentará ser positivo pero debajo de
la mesa hay miedo a las consecuencias del “plan platita” y a la gobernabilidad
en un país que gane quien gane, no tendrá garantizado nada: ni consenso, ni
mayorías legislativas, ni solidez en su grupo político.
El año pasado, la
estrella del coloquio había sido Patricia Bullrich, que agotó las entradas para
la comida privada con empresarios que tuvo antes de disertar.
Milei pasó por el
mismo test y se vendieron bastantes cubiertos. Este año no hay almuerzos
privados y circulaban algunas chicanas sobre quién vendería más si se hicieran,
pero el libertario no va a ir.
Al igual que en
los programas de televisión - desde el episodio con Diego Sehinkman en TN, al
plantón de esta semana al periodista de CNN-, Milei se bajó de IDEA. Por tanta
ausencia, las redes se llenaron de rumores sobre su estado de salud física y
emocional.
El candidato de
La Libertad Avanza empieza a ver trampas y conspiraciones por todos lados.
Juntos por el
Cambio apuesta todo al debate y el secreto mejor guardado del temperamento del
libertario.
El miércoles a
las diez de la noche, mientras hacía tiempo para encontrarse con su novia,
Fátima Flores, Milei se sentó a conversar en una estación de servicio con su
amigo y politólogo, Santiago Caputo, sobre el devenir del debate. Está claro
que en esa instancia, Milei intentará polarizar con Massa y se prepara para
repetir el rol de su vice Villarruel en el debate de TN. El punto más frágil,
lo saben todos, es su carácter.
Hay una historia
guardada en la UADE sobre el temperamento inestable de Milei. Como economista,
daba la última materia de la carrera, probablemente la más difícil en términos
técnicos. Se llama Política Monetaria y Fiscal y los alumnos lo padecieron a
niveles inolvidables.
La anécdota sobre
exámenes de 35 páginas que empezaban a las seis de la tarde y terminaban a las
once de la noche, o la dificultad que le imprimía a las pruebas que muchas
veces aprobaba uno o ninguno de los estudiantes, son apenas una liviandad. Su
agresividad se volvió inaceptable y escaló a un punto que una alumna -que no
quiere revelar su nombre en público- no soportó uno de sus insultos y lo terminó
denunciando a las autoridades de la facultad y del Ministerio de Educación. Ese
fue el fin de su carrera como docente en la UADE.
Silvia Caviola,
la directora del departamento de Economía y Finanzas, tuvo que llamar de apuro
a Ricardo López Murphy, también profesor de la universidad para reemplazar a
Milei. Este antecedente, que sucedió hace diez años, circula como un secreto
que ninguno de los que lo vivieron quiere revelar. No es lo mismo denunciar a
un profesor violento que a un candidato a presidente.
Su carácter es un
desafío a superar para los que empiezan a rodearlo. Uno de sus potenciales
ministros, con larga historia en la política, suele preocuparse por la dinámica
de las cosas: “yo no lo llamo. Te tiene que hablar él y si lo contradecís,
después tenés que esperar quince días para que le baje el enojo y poder volver
a hablar”.
Juntos por el
Cambio busca una fisura en esa debilidad. Largas conversaciones sobre el
movimiento del péndulo en el dibujito animado del coyote suceden en sus reuniones.
Para los que no se acuerdan, el coyote le lanzaba la bola de hierro como
péndulo para atacar al correcaminos que estaba en el otro extremo. Cuando el
péndulo llegaba a la punta, el correcaminos lo evitaba y volvía a toda
velocidad hacia el Coyote que terminaba aplastado. La oposición se ilusiona con
pararse en el medio de esos dos extremos y ser los artífices del frenado de esa
bola de hierro.
El silencio
insoportable sobre la situación social del país.
En el medio de
esta vorágine de la campaña hay un silencio insoportable sobre el estado social
de nuestro país. Aun cuando se diga y se escriba, es difícil que una cifra
represente lo cruel y estructural de esta realidad: el 56,2% de los chicos
menores de 14 años es pobre y el 13,6% es indigente.
Esta inmoralidad
increíblemente no es un tema medular de las campañas de los principales
candidatos. Se habla sin fin de los tres tercios en que se divide esta
elección. Pero hay otros tres tercios que definen quiénes somos hoy y cómo
estamos.
Lo explicó esta
semana Agustín Salvia, el científico que probablemente más sepa de nuestra
injusta estructura social: “detrás de los datos de la pobreza está el
persistente fracaso económico de una Argentina que sólo ofrece oportunidades de
progreso al tercio superior de la pirámide social, al tiempo que se perpetúa la
marginalidad en el tercio inferior, y se empuja hacia abajo al tercio
intermedio, indefenso y vulnerable”.
“Hace 16 años que
estoy con la ONG y nunca vi algo igual”, dice Matías Ronconi, director de
Pequeños Pasos, una organización autosustentada de jóvenes que empezaron con un
centro de nutrición en San Martín y se expandieron por el conurbano y el resto
del país, tratando de contener una demanda imposible. Tienen talleres de
oficios, de cocina, de nutrición, centros de infancia. No asisten, transforman.
Pero Matías está desolado: “La gente viene a los talleres de cocina no tanto
para aprender a cocinar, sino para llevarse algo para comer”.
Bonus track | El
despacho de Figueroa.
El presidente
Alberto Fernández convalidará el pliego de la jueza Ana María Figueroa que votó
ayer el Senado y le devolverá un escritorio en la Cámara de Casación.
El enredo que
esta situación genera es infinito: la Corte ya la jubiló, los abogados de Cristina
dirán que son nulos los fallos que reabrieron Hotesur-Los Sauces y Memorandum
con Irán y empezará la batalla legal que tiene final escrito.
Si ella continúa
o no siendo jueza, será motivo de opinión del Consejo de la Magistratura y la
Corte, pero la mayoría de dos jueces que alcanzaron para firmar los fallos
contra CFK es un hecho que no puede cambiar. Eso lo sabían y comentaban anoche
en los despachos más poderosos de la Casa Rosada.
Esto es todo para
esta semana, el viernes que viene me vuelvo a contactar con toda la info que
vaya recolectando a lo largo de la semana.
¡Chau!.