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lunes, 15 de febrero de 2010

SIN CENSURA PREVIA; CON ESPÍRITU SUPERADOR

El ejercicio de la actividad periodística tiene algunos atractivos que lo tornan apasionante. Y está claro que sin pasión, no puede abrazarse, al menos dignamente, un oficio (otros le dirían profesión, porque hoy hay carreras que otorgan títulos en la especialidad) como éste por más de 50 años.

Hay quienes, buscando opciones de vida (entiéndase por esto, aquellas exigencias que demanda la existencia cotidiana) eligen lo aparentemente más natural: dedicarse al periodismo en el lugar de origen (puede serlo, por estos lados, la ciudad de Bahía Blanca). Otros, seducidos por alguna buena oportunidad, mucho más en estos tiempos, pueden “arriesgar” y buscar nuevos horizontes en lugares más expectables, que los hay, sin duda. Puede existir, mucho más en el auge de las frecuencias moduladas y los sistemas de cable, que ningún dentro urbano deja de tener, por pequeño que sea, quienes, aún jóvenes, vuelvan a sus pueblos, después de los estudios, para aferrarse a un arraigo que se empeña en desdecir la voracidad de la globalización.

Puede haber, eso sí, aunque muy aisladamente, quienes, desdeñando una cosa o la otra, hayan optado, hace tiempo y a lo lejos, una alternativa distinta. ¡Oh, casualidad!, ha sido nuestro caso.

Corría un ya muy lejano 1970 cuando, de tanto recorrer los pueblos de Villarino (algo que hacíamos desde casi una década antes), decidimos “crear” lo que en su tiempo fue VILLARINO, un periódico que empezó quincenal; se convirtió en semanal y hasta llegó (algún memorioso puede recordarlo) a salir diariamente, en 1974.

Pero claro, pese a la tenacidad puesta en la tarea, no estaban, por entonces, dadas todas las circunstancias para instalar algo así sin sufrir los avatares propios de un emprendimiento inusual. Y las críticas circunstancias del ’75 hicieron mella prontamente en el mejor proyecto. Pero no en la idea esencial, que retomamos en una floreciente etapa transcurrida entre 1987 y 1995.

También entonces sufrimos las consecuencias de tanto empecinamiento. Porque, como en los ’70, en los ’90 algún factor político nos pasó facturas, sólo por decir una verdad que no gustaba, y experimentamos otro fuerte latigazo a las mejores ilusiones.

Como lo único que no perdimos fue el espíritu (y un “no sabemos qué” que nos inducía a renovar la lucha), volvimos, aunque desde otra perspectiva, a transitar los mismos caminos que desde el ’70 habíamos recorrido “por cuenta propia y a riesgo”. Lo hicimos en el ámbito oficial, ocupando un cargo público.

También eso tuvo “su etapa”, en la que, como en las anteriores, se conjugaron las buenas y las que no lo fueron tanto. Desde agosto 2006, superadas instancias anteriores, volvimos a escribir, desde lo independiente, siempre sobre Villarino. Con un elemento determinante sobre el que nos creemos, sin falsa modestia, con derecho a sostener a ultranza: el conocimiento sobre Villarino; y algo que está por encima de ese detalle, haber sostenido una conducta invariable, aún en perjuicio de los mejores intereses personales.

Hay un agregado que puede mover a alguna irónica sonrisa de quienes lean esto: en las alternativas de los 40 años que pasaron, no han sido pocos quienes –aún opinando lo contrario que nosotros y sintiéndose “perjudicados” por lo dicho o publicado– coincidieran en la seriedad de lo expresado periodísticamente.

Sin embargo, no todas pueden ser “rosas” en caminos ásperos como los actuales. Y no en vano han pasado 40 años, desde aquellos inicios del VILLARINO del 7 de mayo de 1970.

¡Y vaya si han cambiado las circunstancias, las conductas, los procedimientos!. Lo sabemos, pero aún así, en junio de 2009 pusimos, en la maravilla de Internet, un blog dedicado a Villarino, como una versión digital que revive los tiempos del “viejo” VILLARINO, con la enorme ventaja de la instantaneidad de la web, a través de la cual desde los más distantes puntos del distrito puede accederse a los mismos textos, los mismos comentarios de DIARIO VILLARINO. Acompañamos ese medio virtual con las páginas que traslucen la actualidad del partido de Villarino en la “revista de café” que editamos para Bahía Blanca.

Pero, ¿a qué viene todo esto?. A que en los últimos tiempos, nos “llueven” los datos sobre realidades, más palpables (o no tanto) de un Villarino dinámico, como marcan las épocas. Y ahí estamos, fundamentalmente desde el blog, siguiendo ese devenir: la política, con sus choques; algún hecho deportivo, como el reciente y exitoso “mundialito” de fútbol; o, un suceso como la Vuelta Lago Parque La Salada; o la elección de la nueva reina del distrito, sólo por citar algunas de las últimas novedades “subidas” al sitio.

Sin embargo, no es sólo eso: hay “pujas”, dicho esto con todo respeto, porque aquello de “pueblo chico, infierno grande”, no es sólo es un slogan, sino un hecho real. Con una opinión, por un lado; y la que se le opone, por otro. Y no estamos hablando de la polémica sobre si está bien o pudo evitarse la interpelación a un funcionario. Estamos refiriéndonos a otros episodios, que generan comentarios; y que nos llegan, cotidianamente, exponiendo un punto de vista y el que se emite desde la vereda de enfrente.

No hemos ejercido, en más de medio siglo de periodismo, la “censura previa”; sí la hemos sufrido y la sentimos actualmente (con la “revista de café”, 205 ediciones en Bahía Blanca). Algo así como aquello que en otros órdenes llaman “discriminación”.

Pese a lo señalado, y sin cambiar ni el estilo ni mucho menos la conducta (que buenos perjuicios nos ha acarreado) hemos determinado una mecánica operativa que obturará la polémica pueblerina. Esto es, que se digan en el blog, los protagonistas, aquello que se callan cuando se cruzan en las calles de su localidad.

No rehusamos desmenuzar hechos y circunstancias que coadyuven a establecer, en el tiempo, las mejores condiciones de sana convivencia en un distrito que, como Villarino, elegimos hace 40 años para desplegar una tarea que nos apasiona desde siempre.

No queremos, a esta altura de la vida, y con todo el espíritu que nos retempla día tras día, ser voceros de las disputas de “entrecasa”. Sí de los acciones superadoras que le brinden a Villarino la posibilidad de un mañana mejor.