Cuando empezaba el fin de semana pasado, Sebastián Amerio, que todavía era secretario de Justicia, habló con el presidente sobre los rumores que lo dejaban afuera de su cargo. Quiso saber sobre la posible designación de Juan Bautista Mahiques, que hasta ese momento era fiscal general de la Ciudad y candidato blue (ampliaremos) del gobierno para ocupar la Procuración General, un cargo al que el propio Amerio aspiraba. La arquitectura de la política judicial había estado hasta ahora en manos de Santiago Caputo y nadie desconocía que en estos días Mariano Cúneo Libarona cumpliría el mandato de irse del Ministerio de Justicia, un puesto que ocupó simbólicamente en el último año. El poder, se sabe, estaba en manos de Amerio y sobre esa condición tenía decidido influir Karina Milei cuando se confirmara el recambio. No es para menos: laberíntica, obscena, compleja y con intereses cruzados por relaciones de todo tipo, la Justicia es el área más sensible de la política. Al poder sobre la designación de los jueces en un país con casi el 40% de cargos vacantes, se le pueden sumar verticales más sinuosas como el vínculo y la influencia sobre los tribunales que deciden las causas de corrupción. Ahí donde tramitan, por ejemplo, la causa ANDIS y el caso LIBRA. Amerio dependía políticamente de Caputo pero construyó una relación cercana con Javier Milei. Frente a la pregunta sobre la posible designación de Mahiques, respondió el presidente: “Ya me preguntó lo mismo Gabriel Anello y le dije que no lo voy a elegir”. El periodista de radio Mitre tiene una relación cercana con Milei y una preocupación por los lazos que vinculan a Mahiques -que es hijo del camarista de Casación que habría festejado su cumpleaños en la casa de Pablo Toviggino- con la AFA. El presidente tiene una obsesión por Toviggino desde la filtración en el streaming del tesorero de la AFA de las escuchas de Diego Spagnuolo que originaron la causa ANDIS. Amerio y Anello, entonces, le creyeron. Sin embargo, en el momento en que dio esa respuesta, el presidente y su hermana ya tenían la decisión tomada. Mahiques sería el ministro y Santiago Viola -apoderado de La Libertad Avanza y abogado de confianza de Karina- su segundo. Tres días después, Santiago Caputo se enteraría por los medios de la definición del ministro, del destino de Amerio y del ocaso de su influencia en este área clave del poder. Se abrió así un tsunami de paranoias. A su alrededor, algunos recordaban la salida de Guillermo Francos, el jefe de Gabinete, cuando después de las elecciones de octubre se sintió revalidado en su puesto a pesar de las internas al pedirle que convocara a los gobernadores a la Casa Rosada. En esa reunión que finalmente sucedió, Milei, Karina y Caputo ya sabían que le pedirían la renuncia 24 horas después. El único que no sabía era Francos. Es un método muy particular del ejercicio del poder, sobre todo cuando no esquiva siquiera a los integrantes de la mesa chica. Para ejemplos, también está Victoria Villarruel que esta semana tuvo un capítulo despampanante en su cruce viral con Luis Petri y que obligó otra vez al presidente a responder sobre ella y la posibilidad de que renuncie. Más allá del morbo vincular que tiene toda la operación alrededor de las designaciones en Justicia, el descalabro que produjo quedó a la vista por lo que se vio y lo que no se vio el día después. Antes de la asunción de Mahiques, el presidente llamó a su asesor a Olivos. Fue ahí donde surgió la posibilidad de ofrecerle a Amerio la Procuración del Tesoro -son los abogados del Estado- un área que manejaba hasta ahora alguien elegido también por Caputo. El asesor tiene vínculo con Viola, el autor intelectual de Mahiques como candidato, que ayer fue a verlo a su despacho. No es la primera vez que hablaban de Mahiques. El abogado y el propio ministro habían tenido reuniones con el entorno del estratega presidencial para postularse como posible candidato a la Procuración. Es hilar muy fino pero para que se entienda, hay un mundo en común que los conecta a través de Manu Vidal, de íntima confianza de Caputo y exintegrante del PRO porteño en la época en que Mahiques era secretario de Justicia. Todos los pensamientos apuntan ahora hacia la SIDE, el otro botín caputista impregnado de conexiones con lo judicial. ¿Será otro territorio en pugna?. A esta hora, los dos bandos aseguran que nada se moverá en el organismo de Inteligencia. Raro. A los Menem les encanta la idea de pisar los proyectos que tienen que pasar por el Congreso para ratificar modificaciones de la secretaría que fueron ideadas por el equipo del asesor presidencial. En palabras de los protagonistas de esa pelea: “Los dos bandos tenemos la doctrina de la mutua destrucción asegurada”. Una especie de bomba atómica llena de secretos. |
La interna sigue siendo tan intensa que a esta hora Mahiques se apuraba en designar a Santiago Viola como secretario de Justicia y como representante del Ejecutivo en el Consejo de la Magistratura -el organismo que elige y destituye a los jueces-, un puesto que ocupaba Amerio y que en el entorno karinista creen que todavía pugna por retener. La decisión del nuevo ministro de pedirles la renuncia a los jefes de los organismos que estaban bajo su dependencia -Unidad de Información Financiera, Oficina Anticorrupción y la Inspección General de Justicia- busca designar ahí gente de su confianza. Se verán en las próximas horas gestos que apunten a despejar las dudas vinculares de Mahiques con la AFA. Ya eligió al sucesor de la Inspección General de Justicia. Se llama Alejandro Ramírez y en su curriculum consta que litigó contra la AFA y está a favor de las SAD. El próximo paso será resolver el expediente que Cúneo Libarona había guardado en un archivo y ya mandó a pedir: el que había hecho el ahora extitular de la IGJ pidiendo designar veedores en la Asociación de Fútbol Argentino para analizar los estados contables cerrados al 30 de junio del año pasado. |
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