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domingo, 3 de junio de 2018

NATALIA Y CRISTIAN: UNA EXPERIENCIA QUE SERÁ PERDURABLE PARA NUESTRO DIARIO DIGITAL



Asado, charla, reportaje y… mucho más, en el Refugio de Moto Viajeros de Argerich. Una visita de dos jóvenes colombianos que hacer ver la importancia creciente del lugar que promueve a todo Villarino.



Hace 48 años, nada más y nada menos, un día 7, del mes 5, del año 1970, se nos ocurrió poner en circulación la edición número 1 de VILLARINO (así se llamó al comienzo) de un periódico, con la gráfica caliente de aquellos tiempos.


No fue el año 1 y no se quedó en eso.

Hoy en día –empezamos a escribir  este 25 de Mayo, día de la Patria– con su marca de identidad, DIARIO VILLARINO sigue su derrotero, con la esperanza (que es lo último que se pierde, dicen) de llegar a las bodas de oro o el medio siglo para, recién entonces, marcar el punto final de un medio periodístico que se convirtió en histórico.

Ahora es digital, para estar a tono con la época, bien es cierto que elegimos el formato de blog, que se ajusta más a la actualización permanente en la que hemos fijado nuestro objetivo, día tras día.

El paso de los años, que suma antigüedad, algo que nadie se animaría a discutir, no ha sido en vano, en eso de acopiar experiencias siempre valiosas, aunque entremezclen lo bueno y lo que no lo es tanto.

Eso sí, la tenacidad en mantener el diario, nos ha puesto, siempre, ante todo tipo de alternativas.

Nos inclinamos, esta vez, por señalar una que era inédita.

Lo ha sido, felizmente, encontrarnos, con una grata sorpresa, que se dio el  miércoles (23), en el refugio de los “motoviajeros”, que motoriza (nunca mejor aplicado el término) ese fuera de serie que es Adalberto Iseppi, a quien conocimos hace tiempo y a lo lejos. Fue  justo en coincidencia con la aventura de editar el periódico, que lo fue, y mucho, porque hubo que superar el descreimiento de la gente, no acostumbrada a recibir un diario local (de papel  era), que sólo contenía material estrictamente  reservado al consumo lugareño.

Lo cierto sí, para no alejarnos del tema, que al llegar puntualmente a Argerich, caímos en la cuenta que no éramos los únicos que íbamos a compartir el almuerzo que estaba preparando Adalberto.

Fuimos con la compañía de un sobrino (político), Jorge Bresciano, para que conociera un tanto ese lugar que está alcanzando una notoriedad que ni el más optimista podía entrever.

Pero allí, nos aguardaba una pareja que recaló en ese sitio después de recorrer 18.000 kilómetros arriba de su “máquina” (no entendemos ni jota de los vehículos de dos ruedas y tampoco de los de cuatro). Apenas, sí, de lo que es una bicicleta, pero no más…

Ella, Natalia (Zapata); él, Cristian (González). Ambos, colombianos, de Medellín, con la impronta de sus 26 años; y el espíritu predispuesto para, además de maravillarse con los encantos de cada lugar visitado, entablar diálogos de todo tipo, para llevarse de cada visita una clara visión de cómo es la gente. Y traslucir, a la vez, con absoluta transparencia, cómo son ellos mismos, quizás lo más rescatable que nos queda anidado desde el primer momento, sorprendidos por el carácter afable de quienes no recorren el mundo sólo para hacer kilómetros y más kilómetros, sino para entablar amistades que se prolonguen a la distancia para los tiempos que vendrán, tan inexorables como la marcha de las agujas del reloj.

El muchacho (Cristian) se sintió a sus anchas hablando de su máquina y sus bondades, en la charla con Jorge, citando variedades y virtudes de los vehículos de dos ruedas que alientan una pasión.

Ella (Natty) que, como bien nos puntualizó Adalberto, trasmite con su palabra el sentimiento de su corazón, “aguantó” la charla sobre otros ángulos de la vida misma. No ocultó su asombro, porque al decirnos de Medellín , asociáramos su tierra con Gardel, simplemente porque al mencionar su origen, siempre, le nombran a figura de Pablo Escobar. Y no disimuló su sorpresa.

Esa simple acotación abrió el abanico para indagar sobre las familias, de ella y de nosotros, como así de las ocupaciones personales, bastante afines en algún sentido, como para ampliar el tenor de la conversación en espera que el “asadito” estuviera listo, para demostrar cuán detallista, en sus atenciones, es el anfitrión del refugio.

No fue tiempo desaprovechado. Sin urgencias, la charla, con acotaciones siempre oportunas de Adalberto, se prolongó inadvertidamente, mientras “devorábamos” la comida (riquísima en toda su extensión, porque allí, y en este caso también, trae adosado el condimento invalorable del “placer anímico” puesto en su preparación).

Así las cosas, pasaron largamente dos horas y media, como si fueran sólo minutos, antes de prender el grabador y dejar que algunos párrafos quedaran para acentuar un muy buen recuerdo de ese miércoles distinto, con el regalo que recibimos esa tarde.

Cuando pensamos que es hora del retiro, porque el ocaso ya sobrepasó el límite natural, aparecen estas sorpresas. Si las aprovechamos tanto, más o menos, en el audio, quedará restringido, porque el valor, esencial, fue el momento compartido.

Natalia y Cristian están transitando otras rutas, camino de su futuro. Nos quedamos, nosotros, con la esperanza de seguir teniendo, cada tanto, sus novedades, mientras encerramos, cálidamente, todo lo que alcanzamos a saber de ellos, en esta experiencia maravillosa. Sí, tal cual… 
    

Nota del editor

Dijimos al comienzo que escribíamos  el 25 de Mayo. La demora en "cerrar" la nota este domingo (3 de junio), tiene su explicación.

Esperamos las fotos de Cristian, primero, que las envió con una gentileza que lo pinta de cuerpo entero (¡gracias, todas!).

Bajamos el audio, enseguida (pero nos quedó la duda sobre cuántas preguntas mejores no hicimos; tarde para lágrimas).

Cuando todo parecía listo para editar, nos llegó una de las más lindas noticias familiares de los últimos tiempos: ¡llegó Valentina!, la nietita que esperábamos con ansiedad. Y nos ocupó la semana que terminó este sábado (2); y todas las que vendrán.

Por eso, recién este domingo (3), completamos lo necesario para la “entrada” número 4.070 de DIARIO VILLARINO.