Con el paso de los años, la matrícula creció. La escuela ya no era un proyecto, era una necesidad concreta. Y finalmente, llegó la noticia tan esperada: un edificio propio. Pero la alegría duró poco.
Lo que debía ser el comienzo de una nueva etapa se convirtió en una
interminable espera. La construcción, que lleva años en obra, hoy es un símbolo
de frustración: una estructura que parece escuela, pero que no lo es.
Porque no basta con que las paredes estén en pie. El edificio, casi terminado, tiene fallas graves. Los techos de loza, en particular, son un problema que aún no tiene solución definitiva.
Cada
lluvia se convierte en un recordatorio de que la obra está inconclusa.
Filtraciones que aparecen una y otra vez, parches que no resuelven el problema
de fondo, y una estructura que sigue siendo insegura para albergar a cientos de
chicos.
El último lunes, 1° de marzo de 2026, la lluvia
volvió a evidenciar lo que las autoridades parecen no querer ver:
LA ESCUELA NO ESTÁ EN CONDICIONES.
Las filtraciones no son un detalle menor; son la
prueba de que el edificio no fue terminado como corresponde.
Y así, un año más, las clases no
pueden empezar.
Hoy, la totalidad de los alumnos de
la Secundaria N°8 no tienen dónde ser recibidos. Sólo se habló de un posible
inicio precario para primer año, como si los más chicos tuvieran que cargar con
el peso de la improvisación. Como padres decidimos que ninguno concurra a la
escuela.
Pero la comunidad dice BASTA .
Los padres, las madres y los vecinos
están autoconvocados, exigiendo lo que nunca debieron pedir: que la escuela sea
escuela.
En la última reunión se nos informó que una cuadrilla estaría por llegar hoy, miércoles 4 de marzo. Esperamos que así sea. Pero ya no alcanzan los anuncios ni las promesas.
Necesitamos
respuestas concretas, plazos claros y soluciones definitivas, no arreglos
momentáneos que vuelvan a fallar con la próxima lluvia.
La exigencia es clara y urgente: que
la provincia intervenga de manera real y efectiva; que se garantice la
reparación estructural completa del edificio y que la obra se termine como
corresponde. Que habiliten la escuela en condiciones seguras. Que los chicos
puedan, de una vez por todas, empezar las clases en su lugar.
Porque no es sólo un edificio. Es el
derecho a aprender con dignidad. Es la escuela que merecen. Es ahora.
