La decisión presidencial de involucrarse personalmente en liderar las tropas legislativas fue parte de los temas de conversación en la comida que compartieron otra vez esta semana Mauricio Macri y Javier Milei. Fue la cuarta comida en un mes, cumpliendo ese rito semanal que se activó después de una distancia tensa. Es lo mismo que ayer reprodujo en público el expresidente cuando, en el relanzamiento de la Fundación Pensar en Entre Ríos, dijo que “el Congreso tiene una dinámica. Y también hay que saber conducirlo. Es algo que también discuto con el presidente Milei. Le dijo que en Diputados hay una lógica y que hay que saber conducirla. No es fácil”. La cena del martes pasado -antes de un viaje que empieza hoy el expresidente- incluyó algunas aclaraciones: el PRO votará la semana que viene contra el DNU de los cien mil millones, pero los legisladores que responden a Macri soportarán no insistir con la reforma después del veto. Hablaron también de otro tema pantanoso en los objetivos del oficialismo: Macri asegura que opinó en contra de la ampliación de la Corte Suprema como método de negociación para avalar los pliegos de los candidatos Ariel Lijo y Manuel García Mansilla. Dice que el Presidente compartió su criterio. Son infinitos los movimientos que están dando desde la oficina de Santiago Caputo para negociar con el peronismo y el radicalismo los votos necesarios. Son el tipo de jugadas que ponen de muy mal humor al titular del PRO. Mientras comían entraña en Olivos, hubo un momento inquietante entre los dos. Fue cuando Macri le pidió explicaciones por el episodio que reveló Joaquín Morales Sóla el domingo pasado: un apoderado de la SIDE -supuesto abogado- recorrió los pasillos de Comodoro Py pidiendo información actualizada sobre el estado de las causas penales por supuesto espionaje ilegal en la gestión del titular del PRO. “Fue un error no intencional”, se justificó el Presidente. La trama activó una saga de alto voltaje y paranoias. Sergio Neiffert, el hombre a cargo de la nueva SIDE, corrió a ver al jefe de Gabinete, Guillermo Francos, con el pedido de explicaciones de Cristian Ritondo, firmado desde la comisión Bicameral de Seguimiento y Control de los Organismos de Inteligencia. El propio Francos se encargó de calmar a Ritondo diciendo que se trataba de un relevamiento ordenado por la Agencia para constatar el estado de las 14 causas que en todo el país tienen espías involucrados. Neiffert se ocupó de las disculpas al expresidente, que sabe las infinitas posibilidades que tiene la agencia de espionaje cuando se está en el poder. Macri recibió el llamado de una de las personas de su máxima confianza, su exjefe de custodia, Alejandro Pablo Cecati, que ahora dirige la Agencia de Seguridad Nacional de la nueva SIDE. ¿Él lo ubicó en este puesto que administra información tan sensible?. Cecati, un expolicía de trayectoria intachable, le aseguró que los dos abogados involucrados en las averiguaciones no seguirán indagando. Macri le cree a Seiffert y a Milei sin fisuras. Pero nadie logró convencerlo de que ese movimiento no tuvo detrás a Santiago Caputo, su enemigo íntimo y cabeza del reordenamiento de la agencia. La desconfianza entre los dos es tan irreversible que estos días en Gobierno, algunos funcionarios de alto nivel buscaban recordar cuál fue el momento exacto del origen de esa antinomia. Llevaban el calendario a un tiempo que parece prehistórico: la noche posterior a las elecciones de octubre en que Milei y Karina fueron a la casa de Macri para acordar su apoyo. A ese encuentro tan conocido, del que participaron varios dirigentes de los dos partidos, llegó Caputo cuando ya era casi medianoche y aportó el único momento de incomodidad en medio de la unión. “Vamos a sacar una foto para difusión y avancemos”, dijo Macri en su casa. “No me parece”, respondió el estratega de comunicación. “Eso va a parecer tu segundo tiempo y no el primer tiempo de Milei”. Lo que siguió ya es historia. |
El Senado dará finalmente de baja esta semana el DNU con los cien mil millones de pesos que no están gastados sino en poder de la SIDE. Nadie en la Rosada tiene del todo claro todavía si un tecnicismo les permitirá tomar los 80 mil millones que ya figuran gastados como propios o habrá que devolverlos. Martín Lousteau, presidente de la Bicameral de Inteligencia, tuvo que escuchar el lunes los lamentos de Neiffert sobre una agencia totalmente desmantelada y sin recursos si no le asignaban esa partida. En la Cámara Alta, donde gobierna Victoria Villarruel, hay varios frentes abiertos. El principal es con ella. El Presidente perdió cualquier tipo de empatía con su compañera de fórmula. Nadie lo imagina ya subiéndola a un tanque en un acto oficial aunque nunca se sabe. La saga de desacuerdos se completó este martes con el acto que ella organizó hablando en nombre del Gobierno sobre una reapertura de causas contra Montoneros que no había consensuado ni comunicado a nadie. Todos los puentes están rotos por ahora. Algunas actitudes de la vice desquician al Presidente. Como pasó el día del acto de entrega de los despachos y sables a los nuevos generales, almirantes y brigadieres de las Fuerzas Armadas, hace apenas dos semanas. Se filtró que ella no había recibido la invitación formal desde el Ministerio de Defensa y por eso decidió no ir a pesar de que estaba lista para salir. En la Rosada, aseguran que Luis Petri le mandó la convocatoria pero la vice mandó a chequear qué lugar ocuparía en el evento. Al darse cuenta que en el escenario sólo estarían el Presidente y el ministro, y a ella le tocaba en la primera fila del público, decidió quedarse en su casa. |
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