Será el domingo 14 de octubre en Argerich. Ha sido declarado de interés provincial, por la Cámara de Diputados bonaerense, a instancias de un proyecto de la legisladora María Fernanda Bevilacqua.
Estuvimos en El Rancho. Almorzamos y conversamos luego con Elcira Colombo.
Estuvimos en El Rancho. Almorzamos y conversamos luego con Elcira Colombo.
Hace
tiempo ya que Argerich –un pequeño pueblito que el ingeniero Argerich
precisamente, soñó como futura sede del gobierno municipal de Villarino,
instalada finalmente en Médanoss– da que hablar. Y mucho, por cierto, más allá
de lo que puede suponerse por tener, según censo, solamente 89 vecinos.
La
promoción que casi mágicamente le ha dado el Refugio de MotoViajeros, en el
kilómetro 722 de la ruta nacional 22, ha puesto a la localidad, y por ende a
todo Villarino, en el mapa de repercusión mundial. Y de eso se tiene certeza a
poco que recalen allí visitantes de los más apartados rincones.
Es
cierto también, y nobleza obliga citarlo, que hay acciones municipales que han
hecho trascender al distrito a todos los niveles y de esos emprendimientos hemos
hablado en nuestro diario digital a través del tiempo (y no sólo ahora).
Esta
vez queremos hacer hincapié en la próxima edición, la tercera de su historial,
del Encuentro Regional del Budín, un evento que, por sí sólo, es convocante
para gente de toda la región.
Ahora,
ha sido declarado de interés provincial a iniciativa de la diputada bonaerense
(por la “sexta”) María Fernanda Bevilacqua.
Estuvimos,
este domingo (16), día propicio por cierto, como anticipo de la Primavera que
llega, en Argerich y más específicamente en El Rancho, un restaurant bien
campero, que es idea de María Elcira Colombo.
Degustamos
allí (ya nos habían dicho de las excelencias del menú) un plato que bien
podríamos rotular (no es lo que nos señaló Elcira) como “tapa de asado a la
texana”, porque allí, en Texas, ella
“aprendió” a elaborar esa exquisitez. La carne, una manteca, viene acompañada con papas bañadas, como todo el conjunto, por una salva "para chuparse los dedos".
Ciertamente,
es un lugar para visitar (y comer claro), en medio de la placidez bucólica de
Argerich.
Pero
el eje era otro. Hablamos con Elcira del encuentro del segundo domingo de
octubre. Este es el testimonio:





























































