La decisión de no hacerlo estaba tomada y acaban de buscar una salida presentando un recurso ante la Corte para que suspenda su aplicación. Es una estrategia del ala caputista, así como también el per saltum a la Corte por la Reforma Laboral firmado por Sebastián Amerio, el exvice de Justicia que ahora es procurador del Tesoro, es decir el abogado del Estado. Es un área donde opina con solidez la secretaria de Legal y Técnica, también caputista, María Ibarzabal Murphy. Para entender esto es necesario ponerse un poco técnico pero el caso es relevante y lo necesita: el 31 de marzo se le agotó al gobierno la última posibilidad de no ejecutar los mandatos de la ley de Financiamiento Universitario. El fallo de la Cámara en lo Contencioso Administrativo Federal ratificó una cautelar que obliga a actualizar salarios de docentes y no docentes desde diciembre de 2023 según el IPC y recomponer becas. Desde ese fallo, había diez días hábiles a contar desde el 1° de abril que vencían este viernes para que el gobierno empiece a pagar. El Estado nacional se presentó en la Cámara para apelar a la Corte Suprema. Lo particular es que esa presentación no tiene efectos suspensivos hasta que la Cámara decide si le concede o no esa aplicación. Es decir, a esta hora, están incumpliendo un fallo judicial. Mientras tanto hicieron otro movimiento judicial insólito: fueron a la Corte a recusar a los jueces de primera instancia, a los camaristas que intervinieron y a los jueces del máximo tribunal con el argumento de que son profesores universitarios. Impresionante. Todo esta telaraña tiene algo de daño autoinfringido. Desde el fallo del 31 de marzo, había una decisión de intentar corregir la ley en el Congreso para volverla viable, según la posición del Ministerio de Economía. Esta demora -vinculada sobre todo con el episodio Adorni- escaló las protestas callejeras y generó un episodio conmovedor con una jornada de médicos y veterinarios en la calle atendiendo gratis bajo la lluvia durante 24 horas con una postal que expuso demasiado: no sólo las limitaciones presupuestarias con las que están funcionando las universidades sino las historias desoladoras de personas sin recursos haciendo fila para acceder a la salud. Una crónica periodística mostró a Hilda Aviles Charca, apoyada sobre su bastón con el que viajó desde Pilar a Plaza Houssay para hacerse sus prótesis dentales. Llegó a las 10 de la mañana. “La atención fue excelente -le dijo a la periodista que le preguntó- Me escanearon todo y me dijeron que esperara acá las dos prótesis. Me vienen bien porque las que tengo se están partiendo, le pongo la gotita”, cuenta. “Me encanta porque la verdad que es gratis. Si no, es carísimo. Trabajo haciendo limpieza de casas particulares. Tengo que seguir trabajando porque soy sola. Con mi obra social me salían $1.200.000”. 68 años tiene Hilda. |
Estas postales de urgencias ancladas en los recortes contrastan con el ánimo de Toto Caputo que llegó el miércoles a Washington y apenas entró al Fondo Monetario Internacional se cruzó por azar a Kristalina Georgieva. A pesar de que aterrizó arrastrando el dato de la inflación en aumento, se lo vio eufórico y confiado después de cada uno de sus movimientos. Apenas entró al fondo se emitió el comunicado avalando las tareas argentinas. En dos o tres manzanas de DC, se encuentran los edificios que habitan los gestores de la ayuda más fluida que viene recibiendo el país: el FMI, el Banco Mundial, el BID y la CAF en ese orden. El jueves, salió abrazado al presidente del BM, Ajay Banga y cruzaron la diagonal Pennsylvania St hasta la H street -que separa el FMI del Banco Mundial- caminando y riendo juntos acompañados por detrás por un grupo de funcionarios entre los que estaba José Luis Daza. A los pocos minutos, salió el comunicado del ofrecimiento de una garantía de 2 mil millones de dólares (que podría escalar a 4 mil) para ayudar a refinanciar deuda. La estrategia del gobierno es rollear la brutal agenda de vencimientos de deuda que le esperan hasta el final de 2027. Hay un informe con datos duros de Miguel Broda que es alarmante: el cuadro de vencimientos de deuda en dólares muestra que la Argentina enfrenta compromisos por aproximadamente USD 13.200 millones en lo que resta de 2026, unos USD 45.400 millones en 2027 y cerca de USD 105.000 millones en total hasta ese año. Dentro de ese esquema, la deuda con el sector privado suma alrededor de USD 24.100 millones, mientras que las obligaciones con organismos internacionales alcanzan unos USD 62.900 millones, con un peso central del Fondo Monetario Internacional por cerca de USD 42.700 millones. A su vez, los pagos se componen tanto de capital (unos USD 29.800 millones) como de intereses (alrededor de USD 15.600 millones), y presentan una mayor concentración en 2027, con varios picos a lo largo del año —especialmente entre abril y septiembre— donde se combinan vencimientos de bonos, compromisos con el FMI y obligaciones del Banco Central. Visto así, espanta. En diálogo con corresponsales en Estados Unidos, Caputo se mostró tranquilo y confiado de los anuncios que ya se hicieron de ayuda del Banco Mundial. Negó la posibilidad de salir a endeudarse en los mercados porque el riesgo país sigue alto y habló de tasas del 9/10% mientras que aseguró que el BM les está prestando al 5/6%. La pregunta está a la vista: ¿alcanzará?. |
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