lunes, 29 de septiembre de 2014

TARDE DE PRIMAVERA A LA VERA DE LAS VÍAS…

Argerich: un lugar “bien cuidado”, que atesora el recuerdo de épocas pasadas.

A veces, de lo más impensado sale algo que, naturalmente, resulta gratificante. Por ejemplo, acercarse, un domingo, como éste último (28 de septiembre) a Argerich, un pueblito tan pequeño como bien cuidado. Allí, en una tarde netamente primaveral, pudo vivirse un momento sumamente agradable.

Fue un poco más allá de las 15, cuando María Isabel Haag, coordinadora del grupo de turismo rural “Arenas y Aromas del Paralelo 39”, puso en marcha lo que se definió como una visita guiada, a la vera de los rieles del antiguo ferrocarril y sobre la mismísima estación de otros tiempos.

No está del todo mal apresurarse a decir que ese lugar “luce” favorablemente, pese al paso de los años, porque hay una comunidad (son 102 los habitantes, según los datos del último censo) dispuesta a preservar algo que tiene que ver con la historia de los años que se fueron.

Por eso, no fue de extrañar que alguno de los circunstantes de otras épocas recordara amaneceres de gran movimiento alrededor de la estación. “Unos 100 tarros -similares a uno que podía observarse- se mandaban a Bahía”, apuntó un memorioso, aludiendo a la leche que cotidianamente se enviaba a la ciudad adonde iba llegar a destino, de una forma u otra, a sus consumidores. “Le ponían agua, sí”, agregó.

Tampoco podía sorprender que otro visitante evocara que tomaba el tren de la mañana, para entrenar y jugar en la primera división del club Olimpo. Apellido por demás conocido del paraje, que se ubicará al decir, solamente, que formó parte de aquel equipo multicampeón del aurinegro (7 títulos consecutivos, proeza para ese entonces), cuya alineación “salía de memoria”, como se dice ahora: Coscia; Ochoa y Kliun; Firmapáz, León y Urquijo; Bualó, Caparrós, Caraballo, Ceballos y Río. ¿El “9”?. ¡Claro que sí!. Volvía, Carlos Caraballo, cumplida su preferencia deportiva, en el tren de la noche.

Hubo alguna otra mención, digna de ser comentada: estuvo Rubén Ariel Scolari, un ejemplo de deportista, que transitó larga y exitosamente los escenarios del baloncesto regional, provincial y nacional hasta hace poco. “Scooby” es un apasionado del ferrocarril y se acercó a disfrutar por un momento de la tarde. Le hicieron hablar; sacó alguna foto; y después se fue.

Vimos -¿podía ser acaso de otra manera tratándose de Argerich?- a Horacio Palmireri, dirigente fomentista, con Silvia (Larrea), batalladora también de ese pequeño terruño ubicado a escasos kilómetros de la ciudad cabecera del distrito.

Hubo tiempo para que no pocos se aventuraran con la “zorrita”, ida y vuelta, de una punta a la otra de un breve recorrido. También, para degustar tortas fritas “uruguayas”, que preparó María Elcira Colombo, a la usanza de la vecina orilla rioplatense y con la colaboración de Juan Carlos Suárez, otro emprendedor.

En varios “kiosquitos” (suena mejor que stand, seguramente) pudieron buscarse dulces y salados, para comer allí o para llevar, según los casos. No faltó alguna artesanía, en la “oferta” preparada.

Encontramos otras visitas en la tarde del domingo: “Lola” Prat; Fernanda Génova, con el “Chato”, y su familia; Norberto Caraballo (que se dio una vuelta en la “zorrita”); Ocampos y señora (residentes en General Cerri, pero él con pasado lugareño); y Walter Gerena, sindicalista, entre otros muchos. 

El conteo, hecho “a vuelo de pájaro” por gente del grupo promotor, reveló la concurrencia de unas aproximadamente 140 personas, entre grandes y chicos. Cifra altamente satisfactoria ya que, se dijo, además, había una propuesta similar en la estación de Nicolás Levalle; y jineteada en Médanos, citas que atraen público, por supuesto.

Cuando casi se iba la tarde, no pocos se llegaron a ese emblema del lugar que es el Vivero Argerich. Simultáneamente, (Horacio) Palmieri nos mostraba la capilla de Nuestra Señora del Rosario. Buscamos también algún producto netamente regional que en otros tiempos comprábamos, casi invariablemente a nuestro paso por la ruta.

Después, el retorno, con agenda cumplida: estar, por unos momentos, en ese pequeño pueblo que, originalmente fuera postulado para cabecera de Villarino. Quedan recuerdos de su esplendor y lo que es más importante, ese no dejar de lado toda ocasión propicia para revivir experiencias del pasado. Fue una tarde distinta, particularmente interesante. Como para repetirla, si se presenta la ocasión…   





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