Santiago Caputo mira por la ventana y ve el mismo paisaje que suele deslumbrar a Mauricio Macri todos los veranos. Es de noche tarde, no hay nieve pero hace un frío polar. El retiro del asesor principal del presidente -en la semana donde las derrotas políticas lo tuvieron en el centro de la escena- está sucediendo en Cumelén, ese exclusivo country de Villa La Angostura que se convirtió en el lugar en el mundo para el titular del PRO, su contrincante en una intensa pugna política de final abierto. En el sur, Caputo recuerda una escena de West Wing, esa memorable serie americana sobre la intimidad del ala oeste de la Casa Blanca, donde el principal consejero analiza la conveniencia de dictar un veto después de una derrota legislativa. “Si firmamos el veto, vamos a parecer débiles”, opina el funcionario en el Salón Oval. “Si firmo el veto, seremos débiles”, responde el presidente de ficción. En el mismo momento, a 1621 kilómetros de distancia, en la Quinta de Olivos, Javier Milei está reunido con su equipo económico y -atención- con el vocero Manuel Adorni, diseñando el contraataque a la aprobación de la reforma jubilatoria: será frontal, será total y contendrá todos los artículos de la reforma previsional. Acaba de producirse una alteración minúscula en la cúpula del poder. Un movimiento todavía no estructurado en medio de una decisión de acción y comunicación de altísimo voltaje. Una escena que no necesariamente siguió los consejos de Santiago Caputo. ¿Hay una fisura en el “triángulo de hierro” que componen Milei-Caputo-Karina?. El presidente juró que no. Prematuro saberlo todavía.
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A Mauricio Macri lo desquicia el comportamiento presidencial. Cuando se sienta a cenar con él, siente que todo fluye, que circulan bajo una sintonía armónica, orgánica. “Juliana dice que tienen que venirse a comer un día a casa. Ella cocina”, le dijo Macri al presidente el miércoles al anochecer cuando conversaban sin conflictos a pesar de que el PRO acababa de inaugurar una inesperada decisión de votar con kirchneristas y radicales opositores en contra del decreto que otorgaba 100 mil millones de fondos reservados a la nueva SIDE. “Por qué no te venís vos ahora y charlamos”, le respondió Milei desde Olivos. Como cada vez que se juntan, Macri se volvió a su casa convencido de que había logrado varios objetivos: dañar a Santiago Caputo y avanzar en los temas que le importan. Con esa calma, salió a apoyar el veto en beneficio de las cuentas fiscales (a pesar de que sus senadores votaron a favor de la reforma), pero después de publicar su tuit en la primera mañana, casi se atraganta con el café. En dos entrevistas, una en tele y otra en radio, el presidente dijo que no le habían convencido sus explicaciones sobre el comportamiento del bloque PRO en Diputados, sostuvo a Caputo fervientemente y le puso la cara a la candidatura de Ariel Lijo a la Corte, uno de los puntos que más molestan al expresidente. Es un mecanismo que le sale bien a Milei, sobre todo en su vínculo con Macri. Acordar pero que nada se concrete. Después de la reconexión que tuvieron en el último mes y medio, se había activado el circuito de coordinación otra vez: el presidente lo mandó a hablar con Caputo. Se suponía que empezaría un desembarco de profesionales técnicos del PRO en algunas direcciones del Estado. En el primer piso de la Rosada, aseguran que a Macri no le gustó la propuesta, que le pareció insuficiente. Cristian Ritondo tiene más detalles. Ahí, según la versión oficial, se originó el rechazo a los fondos reservados. Como sea, los 80 mil millones de pesos que ya salieron del presupuesto a las arcas del organismo de los espías, no volverán aún si el Senado también rechaza -que lo hará- el DNU. Lo ejecutado mientras tenga vigencia el decreto es legal. En esa cena intrigante del miércoles, los dos comensales conversaron, sobre el peligro de que la oposición sume dos tercios de votos. “Es un peligro estar cerca de ese número”, le dijo Macri, milanesa y vino de por medio. “Es el número para el juicio político”. |
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