domingo, 5 de septiembre de 2010

PEQUEÑAS HISTORIAS, QUE MERECEN SER CONTADAS

Un amigo “argerichense” (¿así se le dirá a quienes "son de o viven" en Argerich?) ha “cargado” en sus muletillas, y no de ahora, una que viene a cuento y que repite cada vez que la circunstancia es propicia.

Y vale decir que no es ofensiva ni mucho menos. Porque cuando uno ha andado, tanto pero tanto, como que está cerca de los ’70 y lleva más de medio siglo recorriendo caminos, la mejor “filosofía” (aún estando muy lejos de ella) es tomar las cosas así, como vienen, y encontrarles el lado bueno, que lo tienen.
Dice, el hombre de Argerich, que lleva años formando parte del staff de agentes municipales, que uno estuvo “con todos los gobiernos”, sí, democráticos y de los otros.


En realidad, respuesta no muy jocosa, porque también reconocemos ser “muy amargos” (y sacamos, hace tiempo y a lo lejos, patente de eso), le hemos dicho, cada vez, que en realidad no es así, sino al revés: “todos los gobiernos estuvieron con nosotros”, porque aquí está bien usado el plural, en función del “medio” al que por lo común estuvimos dedicados durante más de ¡40 años!.
Esta breve historia, merece alguna aclaración complementaria: hubo un tiempo, también, antes de los ’70, en que ya andábamos por Villarino, cuando el intendente era el doctor Heriberto Pochelú, reconocido médico de pueblo, a quien tratamos ejerciendo, en nuestro caso, una responsabilidad en un medio regional. Todos saben cuál, por otra parte.

Y vamos, ahora sí, a otros hechos que son parte de “nuestra” historia, sin aditamentos.
El 7 de mayo de 1970 editamos por primera vez lo que fue VILLARINO, histórico periódico. Era intendente don Manuel Jorge Bermejo, de recordada trayectoria. Hicimos periodismo “propio”, entonces.

En el ’73, llegó el doctor Juan Constantino Drisaldi, otro recordado médico de pueblo. Estábamos ya; y él estuvo, pero lo primero que hizo su gobierno fue declararnos algo así como “persona no grata”, para el gobierno del pueblo de Villarino. ¿Cómo; qué?. Después de los nombramientos, casi el primer acto de mandato.
Pero, con tan poco “sentido de la oportunidad” fue la cosa, que… a los pocos días, la misma persona, que llegó para trasmitirnos esa “gentil declaración de amistad”, nos trajo la primera orden de publicidad.
Paradójicamente, el mismo gobierno para el que no éramos gratos, nos acompañó, no sólo en el periódico, sino también en los programas que hacíamos, semana a semana, por LU7 Radio General San Martín.

Cuando volvimos, también con VILLARINO, el periódico, pero también por LU3 Radio del Sur (AM 1080), eran tiempos de don Aroldo Primero Aparicio. Un día le dijimos, con todo respeto, que él mismo, pese a su investidura, no debía tener idea total de cuánto aportaba el municipio a nuestro periódico, en materia de avisos, “porque era por entonces”, el único medio del distrito.

Gobernó Amadeo Augusto Stefanelli, de diciembre 1987 en adelante. En su momento reconoció que canalizaba la difusión local a través de nuestro periódico, porque (válido esto) era el único medio con sus papeles (inscripciones) debidamente en orden, por definirlo de alguna manera. Algo le hizo cambiar de idea, allá por el ’93, pero esa es otra historia, que reflejamos claramente en las páginas de aquella época.

Si acaso hay alguna diferencia con lo comentado y el tránsito de los años posteriores, se dio entre 2003 y 2005 y unos casi 8 meses del 2006, porque entonces ejercimos, y no lo vamos a desmentir, una función pública en la Municipalidad de Villarino. Estamos ahora, en plena vigencia, otra vez, con el blog y la edición gráfica de DIARIO VILLARINO. ¿Entonces?.

Hubo un momento, en que Villarino recibió la visita de Raúl Alfonsín. Hubo una conferencia de prensa. Y como que, sin que se pueda desmentir, alguna vez “fuimos los primeros” (reconocidos como tales), en materia periodística, preguntamos. Hubo abucheos desde la “barra”, por el tenor de la consulta. Don Raúl, defensor a ultranza de las garantías (una, por supuesto, la de la libertad de expresión), pidió respeto para con el periodista que interrogaba. ¡Qué recuerdo!.

Otra vez, el 14 de agosto de 1987, promovimos un acto -“Pregunte a los candidatos”- que se hizo en el recinto del HCD lugareño. Ocurrió que en determinado instante, desde la “barra”, que colmaba la sala, se clamó que finalizara el debate, “porque estaba preparado” (¿…?), en contra del intendente (Aparicio). No fue así, obvio, pero quedó en el recuerdo.

De aquella presencia de Alfonsín y de lo otro, recordamos, quien más nos echó en cara lo dicho y hecho, fue Miguel Novo, “Lito”. El tiempo pasó, por cierto. A sus ¡80!, Lito, se nos ocurre merecedor de ese gran homenaje que se le debe a los dirigentes de verdad. El lo es, y no sólo por su actuación política, radical hasta la médula y dueño, si los hay, de las más serias estadísticas electorales de las que se tenga memoria. Pero no sólo eso, sino mucho más.

“Lito” que conoce la historia de Médanos y Villarino como la palma de su mano, nos recordó, alguna vez, haber conocido, por su trabajo, a don Juan Antonio Ballesteros. Había sido inspector de la antigua DGI y, después, uno de los más notorios “asesores de Réditos” de la región. Don Juan, a quienes muchos de otra época conocieron y trataron, era nuestro abuelo materno. Casualmente, y quizás de allí proviene nuestro ancestral afecto por todo aquello que es Villarino, Sara Aurora Ballesteros (que fue tía nuestra) fue directora de escuela en estos pagos.

Una noche, andando el final de los ’80, fuimos a una reunión en el comité radical. Hubo un personaje, que fue concejal y también presidente de la cámara empresaria de Mayor Buratovich, que no tuvo mejor idea que dar vuelta la silla y sentarse de espaldas a la cabecera. Lo hizo en repudio a publicaciones de nuestro semanario. El tiempo dio la razón a los comentarios de nuestras páginas. No nos habíamos equivocado.

Una vez, hace tiempo y a los lejos, nos llegó una carta de lector. Mencionaba la adhesión de un vecino de Algarrobo, a beneficios que se otorgaban a jubilados, respecto del pago de un par de servicios. Días después, el “beneficiario” de la franquicia “se nos apareció”, con cajas destempladas. “Usted tiene que desmentir lo que publicó”, dijo. “¡Cómo no, así será, si no es cierto!”, respondimos. “¿Dónde?”, añadió. “En el mismo lugar donde apareció lo que no es cierto, siempre y cuando no lo sea”, acotamos. “¡Ah, qué fácil!”, la réplica. No hubo, por supuesto ni rectificación ni aclaración que pudiera demostrar lo contrario de lo expresado. “El jefe”, le decían por sus pagos.

Corrían los años ’70 y, por cierto tiempo, VILLARINO apareció diariamente, hecho que nunca se repitió. En una de las ediciones, publicamos, aisladamente (porque nunca fue la costumbre) una noticia policial, a propósito de una “razzia”, llevada adelante en un establecimiento de campo. ¡Gran revuelo gran! e inmediato reclamo de un involucrado en el procedimiento. “¡Tiene que desmentirlo, porque usted no sabe quién soy yo!”, la “orden”. “¡Si no es cierto, por supuesto!”, la respuesta. El parte policial, muy claro, evitó la aclaración. Era tan válido como que habían despuntado la costumbre. Otras épocas; otros protagonistas. ¿Algo de malo, acaso?. Puede ser, pero…

Desglosamos, sólo al pasar, breves episodios, que no hacen, ni mucho menos, la historia grande de un distrito, el de Villarino, que hemos recorrido, de punta a punta, una y mil veces. Es que los años ¡40 nada menos!, no pasan en vano, y ¿por qué no evocarlos, también así?.

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