

Hablamos desde hace tiempo de la necesidad de una conversión pastoral.
Muchas veces nos acercamos a la comunidad de fe, a la vida de la Iglesia,
“a ver qué pasa”.
Ahora queremos anticipar la aurora, construir la esperanza.
Es decir, nos proponemos HACER que pase.
Con María, la Madre del Señor y nuestra Madre y educadora sellaremos un
pacto, una Alianza de Amor.
Demostrarle con hechos concretos nuestro amor de hijos; asumir la tarea
de educarnos a nosotros mismos.
El esfuerzo por auto-educarnos en comunidad será expresión del compromiso
de amor con ELLA.
No solo confiarnos a su cuidado.
Tomar una actitud pro-activa; ser sus instrumentos y colaboradores.
Seguros que Ella se manifestará como Madre y educadora; conduciendo
nuestras vidas.
Las ermitas de la Virgen Misionera, de la Mater (la Madre), en nuestros
pueblos, son lugares de ese intercambio amoroso: llevamos a sus pies
nuestros actos de amor; tomamos de Ella sus gracias y bendiciones… nos
educamos como hombres, varones y mujeres, nuevos.
No mirar al cielo esperando una humanidad nueva, una Iglesia renovada.
Anticiparla, construirla, conducidos de su mano; por el esfuerzo de
educarnos a nosotros mismos como hombres de la Pascua, hombres nuevos,
discípulos misioneros.
Con una mentalidad, un corazón y un obrar nuevo, pascual, transformador.
No queremos reclamar y esperar cambios y nuevas actitudes.
Queremos educarlas en nosotros.
Una señal fuerte, clara, decisiva son estas ermitas…TESTIMONIOS del camino emprendido: educarnos a nosotros mismos “regalando este esfuerzo como
contribución a su Presencia viva entre nosotros”.
Padre Adrián
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